Pocos días antes de morir, la tía María, me pidió un beso, que no la di. Durante muchos años, me sentí culpable de haber precipitado su muerte. La hermana, mayor, de mi abuelo, materno, nació a finales del siglo XIX. Su madre, Juliana, tuvo dieciocho hijos. La mayoría murieron antes de nacer, o a los pocos años. Asi que mi tía, se vio obligada a ser la niñera de los seis hermanos, que sobrevivieron. Con mi abuelo, mellizo de otro niño, se llevaba dieciocho años. Fue una mujer callada, resignada a su devenir; vencida por su soltería que nunca quiso. Su sudario fue la sábana que bordó para su ajuar. Mi tía, María, representa a varias generaciones, de mujeres, cuyo destino se vio truncado por la costumbre ante la que nunca se rebelaron.
Con amor a la memoria de mi tía, a quien beso desde mis palabras.
Ana Tapias( todos los derechos reservados)

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