He descubierto a Bayard, gracias a, Pilar, una amiga de Facebook, quien ha publicado una reseña suya; que he leído con la emoción que producen saborear los riesgos, las aventuras, las hazañas de las pioneras. Bayard, lo fue de la fotografía aérea. Sé, por experiencia, lo complicado que es crear, un día tras otro, una realidad, única, atrevida, posible, que cambie la mirada, de aquellos, que solo ven días en el calendario; no, emociones, en rostros, en paisajes, en objetos, silenciosos, que hablan desde su distancia; desde sus texturas; desde sus deseos. Bayard, lanza su cámara hacía seres, escondidos, perdidos, ocultos, dentro de sus cansadas vidas; tal vez, agotados por el sufrimiento; tal vez, enfermos de nostalgias. Nunca hay una sola nostalgia, sino muchas, que a veces alegran nuestras venas, otras las hielan, hasta convertirlas en memoria; que son las fotografías, que enmarcan los sueños de esta mujer, de rostro olvidado; cuyas cicatrices, en el alma, forman parte de la inmortalidad de una América del Norte en blanco y negro.
Ana Tapias( todos los derechos reservaodos)©
Ana Tapias( todos los derechos reservaodos)©
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