Veo su rostro y adivino a una niña con
sueños, que un dictador llamado, Hitler, arrebató sin pedir permiso a sus
sonrisas; sin contar con sus deseos de ser feliz; sin escuchar el latido de su
corazón, al que inyectaron fenol. Czeslawa, fue uno de los miles de niños,
asesinados. en el campo de exterminio de Auschwitz, donde la muerte era el sol,
la luna y las estrellas, de un firmamento, cargado de odio, de torturas, de
incertidumbre. Quiero recordar, a Czeslawa, como a una niña que jugaba a creer
en el destino, a amar la libertad, a cantar al futuro, a besar la tierra, a
llorar en la almohada después de una pesadilla con monstruos con trajes grises
y botas impasibles. Los hombres sin corazón, la arrebataron el suyo, que
sobrevive en la memoria de quienes no la olvidamos.
A la memoria de Czeslawa con
admiración
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