Juana
Raymundo tenía 25 años, era de Guatemala, del pueblo ixil. Pero, alguien, decidió que su lucha por
los derechos humanos, debía ser rota, aniquilada, puesta a disposición de los
gusanos. Fue torturada y asesinada. No puedo mirarla a los ojos sin llorar; sin
adornarla de flores; sin creer que
su legitimidad descompuesta, inhibida, torcida en el destino, podría haber
seguido ayudando al mundo a ser mejor humano. En Guatemala, la justicia no
entiende de justicia, y los asesinos de Juana, seguirán ejerciendo su derecho a
matar impunemente; mientras, Juana, forma parte del olvido, otras
indígenas con voz, seguirán siendo mutiladas de la vida, porqué a nadie le
importa el dolor de aquellas que optan por ser heroínas con voz en una sociedad
de silencios.
Con
cariño y admiración a la memoria de Juana Raymundo
Ana
Tapias( todos los derechos reservados) ©
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